viernes, 20 de noviembre de 2009

EL ÚLTIMO SAMURÁI




Los cambios tan abruptos y masivos en la cultura japonesa, tales como en el caso de la vestimenta, les resultaba a los samurái como una traición del jōi, parte del Sonnō jōi, que había servido para justificar la expulsión del shogunato Tokugawa.

Saigō Takamori, uno de los líderes más viejos en el Gobierno Meiji, estaba particularmente preocupado por la creciente corrupción política y después de una serie de diferencias con el gobierno, renunció a su cargo y se retiró al dominio de Satsuma donde estableció academias donde todos los estudiantes tomaban un entrenamiento e instrucción en tácticas de guerra.

Las noticias acerca de las academias de Saigō fueron recibidas con gran preocupación en Tokio. El gobierno acababa de hacer frente a algunas pequeñas pero violentas revueltas de samurái en Kyūshū y el número de partidarios con que contaba en la región de Satsuma resultaba alarmante.

El 12 de febrero de 1877, Saigō se reunió con sus terratenientes Kirino Toshiaki y Shinohara Kunimoto y anunció su intención de marchar a Tokio para entrevistarse con el gobierno, por lo que sus tropas comenzaron a avanzar.

El 14 de febrero la avanzada arribó a la prefectura de Kumamoto. El General Tani Tateki, comandante del Castillo Kumamoto, contaba con 3.800 soldados y 600 policías a su disposición. Ya que muchos de sus hombres eran de Kyūshū y muchos a su vez nativos de Kagoshima, decidió no arriesgarse a deserciones o traiciones y permaneció a la defensiva.

El 19 de febrero a las 13:15 horas se hicieron los primeros disparos por parte de los defensores del castillo, al momento en que unidades de Satsuma intentaban forzar la entrada al castillo.

El 22 de febrero, la armada principal de Satsuma arribó y atacó el Castillo Kumamoto en un movimiento de pinzas. La batalla continuó hasta la noche y las fuerzas imperiales que habían salido a su encuentro se retiraron. Aun con el triunfo, el ejército de Satsuma no pudo tomar el castillo y se dieron cuenta de que los conscriptos que integraban las fuerzas imperiales no eran tan ineficientes como habían asumido en un principio. Después de dos días de infructuoso ataque, las fuerzas de Satsuma cavaron alrededor del castillo y trataron de asediarlo.

Durante el asedio, muchos de los ex-samurái de Kumamoto desertaron hacia el bando de Saigō, aumentando sus fuerzas alrededor de los 20.000 hombres. Mientras tanto, el 9 de marzo, Saigō, Kirino y Shinohara fueron despojados de sus cargos y títulos oficiales desde Tokio, a lo que Saigō argumentaba que no era un traidor, sino que sólo buscaba quitarle al emperador de las malas influencias de consejeros equivocados y corruptos.

El principal contingente de la Armada Imperial, bajo las órdenes del General Kuroda Kiyotaka, con la asistencia del General Yamakawa Hiroshi, arribó a Kumamoto en auxilio de los ocupantes del castillo el 12 de abril, haciendo que las tropas de Satsuma, que ahora estaban en completa desventaja numérica, huyeran.

Después de una constante persecución, Saigō y sus samurái restantes fueron empujados de vuelta a Kagoshima donde se llevaría a cabo la batalla final: La Batalla de Shiroyama. Tropas de la Armada Imperial comandadas por el General Yamagata Aritomo y marines comandados por el Almirante Kawamura Sumiyoshi sobrepasaban las fuerzas de Saigō. Las tropas imperiales pasaron siete días construyendo y elaborando sistemas de presas, muros y obstáculos para prevenir que se escaparan. Cinco barcos de guerra se unieron al poder de la artillería de Yamagata y redujeron las posiciones de los rebeldes. Después de que Saigō rechazó una carta solicitando su rendición, Yamagata ordenó un ataque frontal el 24 de septiembre de 1877. Para las 6 de la mañana, sólo 40 rebeldes estaban aún con vida y Saigō estaba herido de muerte. Sus seguidores aseguran que uno de ellos, Beppu Shinsuke actuó como kaishakunin y ayudó a Saigō a cometer seppuku antes de que pudiera ser capturado.

Después de la muerte de Saigō, Beppu y el último samurái en pie alzaron sus espadas y se dirigieron cuesta abajo hacia las posiciones imperiales, hasta que cayó el último por los disparos de las ametralladoras Gatling. Con estas muertes, la rebelión Satsuma llegó a su final.

Saigō Takamori fue etiquetado como un héroe trágico por la gente el 22 de febrero de 1889 y el Emperador Meiji perdonó a Saigō post-mortem en 1891.

Actualmente es considerado por algunos historiadores como el verdadero último samurái.