domingo, 9 de noviembre de 2008

MASUTATSU OYAMA



Masutatsu Oyama (1.923-1.994)
Fundador del estilo Kyokushinkai, Mas Oyama es considerado uno de los artistas marciales más duros de todos los tiempos. Nació en Corea del Sur el 27 de julio de 1.923 con el nombre de Yong I Choi, en la pequeña aldea de Wa Ryongri Yong Chi Myonchul Na Do, en el seno de una familia acomodada. Lector ávido desde su juventud, a la edad de quince años deja Corea y se traslada a vivir a Japón, donde adopta el apellido Oyama en honor a la familia que le acogió en el país del Sol Naciente. En septiembre de ese mismo año, 1.938, comienza a recibir clases de Gichin Funakoshi en la Universidad de Takushoku, convirtiéndose en uno de sus discípulos aventajados. Con dieciocho años ostentaba ya el Cinturón Negro Segundo Dan. Atraído siempre por la carrera militar, formó parte del ejército japonés hasta su derrota en la Segunda Guerra Mundial, algo que marcó su vida. Posteriormente conoció a un compatriota suyo, Nei Chi So, quien ejerció también gran influencia en su carrera y le introdujo en la técnica de Goju Ryu, que había aprendido de Gogen Yamaguchi, apodado “El Gato”, discípulo del fundador del estilo, Chojun Miyagi. Oyama también practicó Judo, llegando a ser Cuarto Dan en el Arte Marcial fundado por Jigoro Kano.
Una de las aficiones de Oyama era asistir a bailes que se celebraban en el pueblo donde residía, lo que le valía para relajarse tras sus entrenamientos en el dojo y divertirse. En cierta ocasión, defendiendo a una mujer acosada por un maleante, hubo de enfrentarse a éste, quien armado con una navaja atacó a Oyama. Tras zafarse del ataque, propinó al acosador un tsuki demoledor que acabó con su vida. Si bien no fue declarado culpable por el juez, quien entendió que Oyama actuaba en defensa propia, éste hecho dejó profunda huella en Oyama, quien decidió abandonar la práctica de las artes marciales e irse a trabajar a la granja regentada por la esposa del agresor fallecido hasta asegurarse de que ésta no pasaría necesidades económicas. Estos acontecimientos supusieron un punto de inflexión en la vida de Oyama, quien siguió los consejos de su instructor de Goju, Nei Chi So, y comenzó a buscar en el Karate un medio para el autocontrol de su extraordinaria fortaleza física y su mente.
En 1.948 Oyama se aisló durante un año y medio en el Monte Minobu, en la prefectura de Chiba, en un lugar que significaba mucho para él, pues allí fue donde su ídolo, el samurai Miyamoto Musashi, recibió la inspiración para su famoso sistema de doble espada en el siglo XVII. Oyama sólo se llevó consigo unos cuantos libros y enseres para cocinar, y se probó a así mismo entrenando duramente, meditando y utilizando los árboles y las rocas como makiwaras para acondicionar sus manos, pies y piernas. Se levantaba a las cinco de la mañana y, desde ese preciso instante, su jornada transcurría entre carreras, levantamiento de rocas y demás formas de acondicionamiento “natural”, que incluía la práctica diaria de katas –en un día hacía un mínimo de cien- y miles de movimientos de kihon básicos. Al final del día, se sentaba en posición zazen a meditar, y se visualizaba derribando a un toro con la única fuerza de sus brazos. Sabía que, de lograrlo, lograría fama, y ésta es el mejor vehículo para llegar a la gran masa, con la intención de enseñarles la esencia del karate.
Cuando volvió a Japón participó en el primer torneo All Japan Karate y logró la victoria pero, consciente de que sus capacidades aún no estaban totalmente explotadas, volvió a aislarse en el monte durante un año más para realizar sesiones diarias de catorce horas de entrenamiento de una dureza atroz.
Fue a la vuelta de este segundo retiro cuando Oyama decidió enfrentarse en público ante 52 toros, tres de los cuales perecieron en el acto fruto de sus potentes tsukis, quedando el resto descornados fruto de potentes golpes con mano de sable –shuto-.
En 1.952 se trasladó a Estados Unidos para difundir su Karate y se convirtió en el más firme exponente de que en Karate, cada golpe es el último o, lo que es lo mismo, “un único golpe, muerte segura”. Sus muchos combates de la época, en los que se enfrentó a no pocos luchadores de relevancia, se solían resolver en pocos segundos.
Más tarde fundó la organización Kyokushin –“la verdad última”-, que actualmente cuenta con gran número de practicantes y que se caracteriza por sus combates al KO.
Oyama murió el 26 de abril de 1.994, a la edad de 71 años, a consecuencia de un cáncer de pulmón, el único enemigo al que el Gran Maestro no pudo batir.

1 comentario:

Christian Thomas dijo...

Hola, amigos. Me llama la atención que un maestro y gran exponente de las artes marciales como el gato Oyama diera muerte a animales sólo para probarse frente al vulgo. Si bien, la muerte de aquél que lo atacó con un cuchillo, le afectó, la matanza de animales que actuaban por instinto provocado, contradice absolutamente todo valor propuesto por nosotros, los practicantes de artes marciales.