lunes, 20 de junio de 2011

Karate: ¿forma de vida o de mercadeo?

En mis años como practicante, he coincidido con infinidad de personas que hacían lo mismo que yo, algunos siguen en la brecha, y otros han desaparecido de este mundillo.
¿Dónde está la diferencia entre los que siguen practicando y aprendiendo, y los que dejaron de hacerlo?. Esta es la pregunta del millón. Yo creo que lo que diferencia a unos de otros es la forma de vivir el karate.
Nos podemos encontrar con varios modelos de practicantes: Si cuando comienzas a practicar karate lo haces con el fin de conseguir estar preparado para una pelea en la calle, (que lo mismo no sucede nunca), tu tiempo esta contado pues, a los pocos días de práctica, ya comienzas a pensar que los katas no te aportan nada, que por que tienes que trabajar posiciones, etc., si tu lo único que quieres es pegarle una paliza a la persona que te vaya a agredir. Estas personas no suelen durar mucho y seguirán probando otras opciones, judo, aikido, boxeo, etc., hasta dar con la que le aporte lo que va buscando. Si tu enfoque a la hora de comenzar es, mantenerte en forma, te sucederá poco más o menos lo mismo que el caso anterior. El karate en realidad te importara un pimiento, tu solo buscas salir reventado y chorreando sudor cuando termine la clase. Si eso no sucede, el comentario será, “hoy no hemos hecho nada”, y no darás ninguna importancia a las explicaciones técnicas que posiblemente se hayan dado ese día. Las personas que enfocan el karate en esto, dejaran de practicarlo cuando su condición física empiece a tener carencias por salud, edad,…Estas dos situaciones, (después hablaremos de los que de verdad practican karate), podrían ser, a groso modo lo que nos podemos encontrar en los gimnasios de hoy. Digo gimnasio porque, un dojo, es donde se “practica karate” y no lo anteriormente dicho.La raíz del problema quizás sea el no querer vivir para el karate, sino el pretender vivir de él. Me explico; si un profesor modifica sus enseñanzas para intentar evitar, que esa persona que va buscando algo que no tiene nada que ver con los principios del budo, no abandone el gimnasio y con ello perder esa cuota, ese profesor ha dejado de enseñar karate para pasar a vender lo que la gente quiere. Eso para mí no es karate, sino negocio. Ese señor deja de ser profesor y pasa a ser un mero comercial de gimnasio que ha abandonado todos los principios del budo y que cuando el negocio vaya mal, posiblemente abandone pues ya llevara años dedicado al comercio y habrá cambiado la práctica por la gestión comercial. Esto es lamentable, pero está sucediendo.
En cierta ocasión leí, no recuerdo donde, que al morirse una persona, en la lapida deberían de ponerse tres fechas en lugar de dos; 1º la fecha en que nació, 2º la fecha en que murió y 3º la fecha en la que lo enterraron. Cuando una persona deja de tener aspiraciones y con ello, deja de seguir buscando, investigando, aprendiendo y en definitiva, creciendo, esa persona está muerta pues lo único que hace es repetir el mismo día 365 veces al año. Lo mismo sucede con el karate, o mejor diremos, con el budo.Cuando una persona comienza su camino en un Dojo, y ahora me refiero a esas personas que de verdad quieren aprender, esa persona sabe que eso será de por vida, y que su trabajo y búsqueda no tendrá fin, llevándolo a un constante desarrollo y crecimiento tanto física como espiritualmente.
Creo que es un error aferrarse a las enseñanzas que hemos recibido, y limitarnos a copiar y repetir los mismos movimientos y las mismas explicaciones que en su día nos transmitieron los grandes maestros. Si nos limitamos a eso, flaco favor le estamos haciendo a nuestro arte, y a la vez le estamos diciendo a nuestros predecesores que no hemos aprendido nada de lo que nos enseñaron pues, ellos cogieron sus conocimientos y con sus experiencias, intentaron mejorar lo que ya sabían. Es por ello que el budo esta tan dividido en escuelas, estilos, etc.., aunque todo es uno, y nosotros nos empeñamos no solo en no aportar nada, sino que retrocedemos en el tiempo para hacer las cosas como antaño.Los comienzos son para copiar y aprender. La segunda fase tendría que ser la de perfeccionar lo que sabemos y la tercera fase sería la de adaptar nuestro karate a nosotros, enriqueciéndolo con nuestras experiencias e investigaciones para así, poder transmitírselo a los nuevos alumnos los cuales, volverán a comenzar el ciclo. –(Para que un caldero de agua hirviendo se mantenga en ebullición, es preciso mantener vivo el fuego)-. Con esto quiero decir que, los que de verdad sentimos esto, debemos de mantener siempre viva la llama y seguir siempre en constante crecimiento, trabajando para mejorar lo que se nos ha legado pues eso es lo que los grandes maestros querrían, lo mismo que para un padre, su mayor alegría seria ver como su hijo ha llegado en la vida más alto de lo que el mismo llego. Si de verdad esta es nuestra filosofía de vida, tendríamos que huir del mercadeo, y de la hipocresía de los que venden algo que ni ellos mismos utilizan.En el budo todos, independientemente del nivel que se tenga, tenemos que seguir buscando y aprendiendo, y apoyándonos en la humildad y la honradez, ser capaces de transmitir que somos parte de un todo y como tal, ayudar a que los demás mejoren, y eso, nos hará mejor a nosotros.
Permitirme un cuento que he encontrado en la red.

(LOS SACERDOTES)
Había en Japón dos templos cuyos sacerdotes habían estado enemistados durante siglos. Tal era el enfrentamiento que si los dos sacerdotes se encontraban por la calle desviaban la mirada. Los dos sacerdotes tenían a su cargo dos chicos que les servían y hacían los recados. Y temían que al ser unos niños pudieran hacerse amigos al encontrarse por la calle. De modo que uno de los sacerdotes le dijo a su discípulo:- Recuerda, el otro templo es nuestro enemigo. No hables nunca con el chico del otro templo. Son gente peligrosa. Nunca te fíes de ellos. Evítalos como se evitan las enfermedades. ¡Evítalos como si fuera la peste!.Estas palabras despertaron el interés del chico... acostumbrado a grandes sermones... a escuchar extrañas escrituras cuyo lenguaje no era capaz de entender. No había nadie con quién jugar, ni siquiera con quién hablar. Al oír esta advertencia surgió la tentación. Aquel día se cruzó con el chico del otro templo y no pudo evitar hablarle y preguntar:- ¿A dónde vas?El otro chico asimilaba mejor las enseñanzas y a base de escuchar alta filosofía se había vuelto un poco filósofo. Así que respondió:- ¿Ir? Nadie va y nadie viene. Es algo que ocurre. Voy donde el viento me lleve.Había oído a su maestro decir muchas veces que así es como vive un Buda, como una hoja muerta que va donde el viento la lleve. Y así continuó:- Yo no existo. Si no hay quien vaya, ¿cómo voy a ir? ¿de qué tonterías hablas? Soy una hoja muerta. Allá donde le viento me lleve...El otro chico se quedó estupefacto. No pudo ni responder. Se sintió realmente avergonzado y pensó: Mi maestro tiene razón al no hablar con esta gente. Sí que son gente peligrosa y rara. ¿qué manera de responder es esa? Le he hecho una pregunta simple, de hecho yo sabía adónde iba, los dos vamos al mercado. Una respuesta simple habría bastado. Al regresar le dijo a su maestro:- Lo siento, perdóname. No te hice caso. Me lo habías prohibido. De hecho me sentí tentado a partir de tu prohibición. Es la primera y última vez que hablo con esa gente tan peligrosa. Le hice una pregunta muy simple, ¿ a dónde vas? y él empezó a decir cosas raras: No hay ir, no hay venir. ¿quién viene? ¿quién va? Soy un vacío total...una hoja muerta al viento...donde el viento me lleve...- ¡Te lo advertí! Mañana tienes que hablar con él. Espérale en el mismo sitio y pregúntale otra vez: ¿A dónde vas?, y cuando empiece a decir esas cosas, tú dile simplemente: Es verdad, eres una hoja muerta, y yo también. Pero cuando el viento sopla... ¿dónde vas? ¿adónde puedes ir entonces?... dile eso y le avergonzarás. No sabrá que decir. Quedará derrotado. Tiene que hacerlo. Esa gente nunca ha podido derrotarnos en ningún debate. Mañana haz lo que te digo.El chico se levantó temprano. Estaba inquieto. No paraba de recrear en su mente cómo se desarrollaría la escena. Repetía una y otra vez su respuesta. Es verdad, eres una hoja muerta...es verdad, eres una hoja muerta.... Llegó al lugar en el que esperaría al otro chico, se sentó a esperar y siguió repitiendo: ¿Adónde puedes ir entonces?... ¿Adónde puedes ir entonces?. Esta vez estaba preparado. Cuando vio venir al muchacho pensó: ahora va a ver.- ¿A dónde vas? - le preguntó y esperó su oportunidad...Y el otro chico respondió:- A donde me lleven las piernas.Ni una palabra sobre el viento. Ni una palabra sobre la nada. Ni sobre si existía o no...¿qué podía hacer ahora?. La respuesta que tan eficientemente había aprendido ahora resultaba absurda. Claramente no venía a cuento hablar del viento, ni de las hojas muertas. De nuevo quedó abatido. Se sentía verdaderamente avergonzado por su estupidez mientras pensaba: Desde luego este chico es bien raro... se sabe unas cosas muy extrañas... ahora va y me dice que dónde le lleven las piernas...Volvió con su maestro y el maestro le dijo:- ¡Te había dicho que no hablaras con esa gente! Son peligrosos, lo sabemos desde hace siglos. Pero ahora hay que hacer algo. Mañana vuelve a preguntarle a dónde va, y cuando te diga: A dónde me lleven mis piernas, tú dile: Y si no tuvieras piernas?. De un modo u otro hay que callarle la boca.Y así, al día siguiente, el chico le preguntó al otro:- ¿A dónde vas? y aguardó la respuesta.Y el otro chico dijo:- Voy al mercado, a comprar verduras.Normalmente, la humanidad funciona basándose en el pasado... y la vida sigue cambiando. La vida no tiene ninguna obligación de ajustarse a nuestras conclusiones. Por eso la vida es tan desconcertante, sobre todo para las personas que tienen preparadas todas la respuestas. Pero la vida nunca plantea las mismas preguntas. Así que debemos intentar no actuar por medio del pasado.
Jose Antonio Rodríguez